Sol Lauría, cofundadora del Colectivo Concolón, explica cómo un grupo de periodistas ha sacado adelante un medio digital atípico en Panamá

Cinthia Membreño

Como muchas iniciativas en el periodismo, el Colectivo Concolón surgió de una plática entre amigos en la que hubo cervezas de por medio. Pero aquella reunión no desembocó en la fundación de una organización de noticias, sino en una serie de talleres para aprender a contar historias. Luego llegó una plataforma digital y la publicación de reportajes especiales, así como los premios. Esta es la historia de cómo un grupo de periodistas decidió crear un medio de comunicación de una forma distinta.

Sol Lauría, periodista y cofundadora del Colectivo Concolón, cuenta que al ver cómo florecían otras iniciativas de periodismo independiente en Latinoamérica, tales como Ojo Público (Perú), La Silla Vacía (Colombia), El Faro (El Salvador), entre otros, ella y sus colegas decidieron forjar el camino de lo que hoy es Revista Concolón, un proyecto formado en 2016 para publicar las historias jamás contadas de Panamá, con un enfoque en Derechos Humanos.

“En un inicio fue un colectivo, un grupo dinámico horizontal que se proponía contar las historias que no se contaban en el país. Un tanto porque la agenda de los medios de comunicación no integraban esas historias o porque no se trataban con la profundidad con la que debían. Y como para contar esas historias hay que saber hacerlo, empezamos haciendo talleres con maestros internacionales”, explica Lauría.

Con el apoyo de Fundación Gabo, las capacitaciones que Colectivo Concolón organizó durante sus primeros dos años contaron, por ejemplo, con la participación del periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos, del cronista estadounidense Jon Lee Anderson, y del chileno Cristian Alarcón, director de Revista Anfibia (Argentina).

Lauría explica que durante ese período inicial, el trabajo fue de “puertas adentro”, muy local, muy de Panamá. La iniciativa fue tan exitosa que por esos talleres y eventos de discusión pasaron cerca de 500 periodistas. “Se notaba que había una necesidad de discutir temas que no estaban siendo tratados. Todos se llenaban”, recuerda.

El primer “gran especial”

En 2018, el colectivo dio el primer salto al mundo digital con la fundación de Revista Concolón y la publicación de “Duelo”, un especial sobre la invasión de Estados Unidos a Panamá (diciembre 1989 – enero 1990) y con el que los periodistas se alejaron de la narrativa oficial: la invasión fue una liberación de la dictadura del general Manuel Noriega. Gracias a la invasión, terminó la dictadura.

“En la invasión murió mucha gente. En Panamá faltaba (un ejercicio de) memoria, verdad y justicia. No se había contado, a profundidad, cómo habían sido truncadas las vidas de las personas y de las familias de las víctimas (…) Nosotros tomamos distancia de esa dicotomía que se había instalado en torno a la invasión (¿fue una liberación o un ataque?) y dijimos: no necesitamos elegir un bando porque ambos pueden ser malos”, afirma Lauría.

El desafío que los periodistas tenían con este reportaje especial, y otros que publicaron a posteriori, era llevar la crónica — uno de los géneros periodísticos más completos — a un público masivo. De esa búsqueda por ampliar audiencias nació el podcast “Cuenta la invasión”. También, colocaron una cabina en la Feria del Libro de Panamá para que la gente pudiera grabar sus testimonios y contar cómo habían vivido la invasión. Un año después, esas grabaciones formaron parte del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá.

Sin embargo, la difusión no paró allí. La cofundadora del Colectivo Concolón asegura que como en la currícula escolar de este país centroamericano no se aborda la invasión de Estados Unidos, decidieron hacer una novela gráfica para atraer a un público joven. “La intención era llegar a más gente, por lo que fuimos a todos los lugares en donde podíamos presentar un mismo producto periodístico (en distintos formatos), para ampliar audiencia”, dice.

Partiendo de que el periodismo es un servicio público, Lauría explica que Revista Concolón dialoga con varias disciplinas para hacer un trabajo más humano, cercano y empático. “En Panama Papers tenés que trabajar con tecnólogos, informáticos, ingenieros, quienes administran una cantidad de datos imposibles. Mientras que en un trabajo de memoria, verdad y justicia, como ‘Duelo’, hacía falta otorgar sensibilidad y visibilidad a las historias, por eso la alianza fue artística”, asegura Lauría.

El impacto del coronavirus en los colectivos

En 2020, con la llegada del coronavirus a Panamá, Revista Concolón tuvo un nuevo desafío: contar el impacto de la pandemia de una forma innovadora. Fue así que surgió “Panademia”, un especial de varias entregas con el que las audiencias pueden conocer cómo la violencia de género se disparó durante esa época, especialmente en redes sociales. O cómo los trabajadores independientes de la región latinoamericana recibieron poca ayuda estatal y estaban sumidos en el estrés laboral.

Los periodistas de Concolón también hicieron un recorrido por Ciudad de Panamá con perspectiva de género, un esfuerzo que resaltó cómo el diseño urbano ha priorizado las necesidades masculinas y ha condenado a las mujeres. También, denunciaron cómo 47 mil niños, niñas y adolescentes panameños terminaron perdiendo el año escolar completo por una política gubernamental que dictó que la educación sería a distancia y online en todo el país, sin considerar las realidades de pueblos remotos.

De esa cobertura también nació un podcast, llamado “Panademia LGTBI”, en donde miembros de esta comunidad contaron cómo las medidas gubernamentales afectaron negativamente sus vidas. “En Panamá hubo ley seca y días para (la salida) de hombres y mujeres. Eso supuso una gran discriminación para el colectivo trans, porque si salían el día de mujeres les pedían cédula y no las dejaban entrar a súpermercados, y si salían el día de hombres, les decían de todo (…) fue un año bastante duro para las personas del colectivo”, lamenta Lauría.

Un camino atípico

Con una audiencia nicho (clase media, urbana, universitaria), periodistas especializados en temas “duros”, como lavado de dinero, derechos humanos, estructuras de poder, entre otros, y operando en una industria acostumbrada a medir el éxito de investigaciones a través de renuncias de funcionarios y aperturas de causas judiciales, resulta complejo llegar a las masas.

Ese es el desafío que el colectivo de Revista Concolón siempre tiene en mente y por el que ha creado alternativas para presentar sus historias en otros formatos y no quedarse solo con su audiencia fiel. De allí han surgido también los más de treinta conversatorios y foros públicos, o la “Semana crónica Concolón” (suspendida durante la pandemia), además de los libros y los podcasts.

Hasta la fecha, el modelo de negocio de este medio digital se basa en el desarrollo de proyectos. Se mantienen como un colectivo, sin sala de redacción y ellos saben que son un caso muy atípico en la industria. “Esto es una rareza, porque todo mundo quiere nacer y ejecutar campañas (de posicionamiento). Nosotros, por las características locales y de los mismos integrantes, tomamos otro camino. El contexto lo requería para poder hacer algo sostenible (…) pero nosotros nos sentimos muy confiados sobre este trayecto porque cada que viene se decanta de la anterior. No nos apresuramos”, concluye Lauría.

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