Al trabajar juntos, los periodistas y medios de diferentes países obtienen más recursos, más oportunidades y un acceso más amplio a la información. Por ejemplo, la corrupción hace mucho que no tiene fronteras y para las investigaciones transfronterizas la presencia de un socio informativo en otro país abre una posibilidad de solicitar datos cuando sea necesario. Qué es el periodismo transfronterizo, qué ventajas y dificultades tiene, cómo organizar el correcto trabajo de un equipo internacional nos lo contó Natalia Marshalkovitch, periodista, redactora, jefe de medios con 20 años de experiencia en medios internacionales y proyectos de desarrollo de medios, redactora en jefe de Russian Language News Exchange, una asociación de medios independientes de 12 países de Europa del Este y Asia Central, y coordinadora del proyecto transatlántico Colab Medios Project (cooperación del Este + América Central).

Es difícil decir cuándo apareció esta tendencia. Pero en los últimos 10 años, gracias a las publicaciones de investigaciones globales como los Papeles de Panamá del consorcio internacional de investigación (International Consortium of Investigative Journalists; ICIJ), el periodismo transfronterizo está en boca de todos. Las investigaciones transfronterizas, lejos de ser la única, es una de las posibles modalidades de cooperación más importantes. Juntos siempre es más fácil afrontar los desafíos externos, y no solo la represión y la propaganda de estado en los países con regímenes no democráticos, sino también compartir experiencias, recursos, opiniones, información. 

La corrupción no tiene por qué ser el único tema de las investigaciones. Tenemos, por ejemplo, los problemas ecológicos, que rara vez están confinados a un solo estado. Así, en primavera de 2020 el medio ucraniano Hromadske y el bielorruso Euroradio juntaron sus esfuerzos para entender las ventajas y desventajas del ambicioso proyecto Е40, una vía fluvial que debe unir el Mar Báltico con el Negro. Е40 toca los intereses de tres países — Belarús, Polonia y Ucrania. Pero el cierre de las fronteras por el COVID y las protestas que se iniciaron en Belarús impidieron que los colegas bielorrusos hicieran lo planeado. Pero, gracias a la cooperación entre las redacciones, el material finalmente se publicó.

La era de la pandemia

La pandemia afectó al periodismo transfronterizo, en mi opinión, en tres ámbitos. Primero, muchos medios sufrieron grandes pérdidas, especialmente en lo que se refiere a los ingresos por publicidad o por la organización de eventos. Pero, a la vez, la situación les obligó a buscar nuevas soluciones creativas para compensar las pérdidas. 

Segundo, prácticamente todo el mundo pasó al teletrabajo de repente. Y el periodismo transfronterizo, en principio, se fundamenta en organizar el trabajo a distancia, por eso el interés por una experiencia así por parte de otras redacciones ha crecido. 

Tercero, la demanda de historias transfronterizas crece cuando sucede algo que concierne a muchos países, si no a todos. Uno de estos eventos, por ejemplo, puede ser la guerra, la cual, en su esencia, es un suceso transfronterizo. O, por ejemplo, la pandemia. A la gente le interesa saber lo que pasa no solo en su país, sino también en otros, comparar cómo solucionan allí los problemas actuales y cumplen las tareas. De allí nacen ideas para la redacción. Por ejemplo, redacciones de varios países recopilaron las noticias falsas más populares en lengua rusa sobre la curación del coronavirus e hicieron una encuesta común para Instagram. 

La pandemia como un tema, la cuarentena como un estilo de trabajo y la pandemia como un factor externo que ha hecho que los medios cooperen simplemente porque las redacciones tenían que optimizar los recursos.

En primavera y en verano de 2020 todos lo tenían casi todo igual: una nueva enfermedad, no se sabe con qué curarla, no hay vacuna y todos en el mundo están en casa. Todo cambió en 2021: ahora algunos están confinados, otros no, aunque el movimiento entre los estados sigue siendo problemático. Pero estos meses de cuarentena ya han influido en la comunicación. Las redacciones que trabajaban en un formato tradicional se han acostumbrado a trabajar solo a través de los correos electrónicos y aplicaciones de mensajería. Pero, por otro lado, los equipos transfronterizos han trabajado así siempre, no han tenido que gastar fuerzas y tiempo para reorganizarse.

Dificultades de la traducción

Entre los problemas principales que surgen en los equipos transfronterizos se pueden mencionar la barrera lingüística, las diferentes mentalidades y formas de enfocar el trabajo, los husos horarios distintos. 

En un equipo puede haber gente que habla en idiomas diferentes, pero su idioma de trabajo es el inglés, y, por lo tanto, su nivel de conocimiento puede ser distinto. Puede que no todos entiendan algunas bromas, puede que difieran las normas lingüísticas y, cuando uno trabaja sobre un material común, hay que tener todo esto en cuenta. Una carta o un mensaje a los colegas debe ser claro y comprensible porque un juego de palabras o una broma puede dañar o complicar la comunicación o afectar al cumplimiento de una tarea concreta. Además, hay que sacar tiempo para la traducción y comprensión. En el equipo puede haber un traductor o un comunicador por parte de diferentes participantes del proyecto y hace falta tiempo para que se comuniquen y expliquen la información necesaria y correcta a los demás. 

Cuando uno trabaja en un equipo internacional, también tiene que tener en cuenta las diferentes mentalidades y formas de enfocar el trabajo de los participantes. Un problema serio es la interacción entre periodistas de países entre los que hay un conflicto. Los ejemplos más destacados, a día de hoy, quizás, sean Rusia y Ucrania, Armenia y Azerbaiyán. No hay muchos proyectos así porque el periodismo de guerra es la parte más difícil del trabajo transfronterizo y aquí también hay que tener mucho cuidado – usar un lenguaje extremadamente correcto, excluir del vocabulario una serie de palabras que pueden herir a los colegas. Esto supone un trabajo muy grande para el jefe – debe coordinar claramente todas las comunicaciones e intentar no admitir declaraciones que puedan provocar conflictos dentro del proyecto. Además, hay que pensar en el material que publican los periodistas porque su público está en los dos países y lo más probable es que tenga objeciones a la publicación. Y hay que estar preparados para ello. En general, en el periodismo transfronterizo debe haber una persona que una a todos y solucione todos los asuntos complicados.

La comunicación en línea en sí es asíncrona (nadie puede garantizar que su mensaje lo lean enseguida). Y la diferencia horaria complica la situación. Escribes un mensaje y esperas a que te respondan ahora mismo, pero esto puede ser que no suceda simplemente porque en el otro sitio es de noche. Por ejemplo, nuestro equipo coordina proyectos en los que están involucradas varias redacciones, de Tiflis a Managua. ¡La diferencia es de 10 horas! No es fácil, incluso, encontrar tiempo para una reunión de trabajo. Así que hay que adaptarse. Y aunque no se trate de otro huso horario, la comunicación a través de aplicaciones de mensajería no es lo mismo que estar sentados en un cuarto, pues percibimos casi un 80% de la información de forma no verbal.

Trabajo en equipo

Al empezar a trabajar en un equipo transfronterizo hay que entender varias cosas que son, a mi modo de ver, fundamentales.

¿Para qué lo necesita cada participante? No puede ser que a alguno le hayan forzado a llegar a este proyecto, hay que estar interesado en el trabajo, hay que comprender para qué necesitan participar en un proyecto tanto un periodista en particular como un medio en general. Hace falta que haya igualdad en el intercambio de los recursos intelectuales y humanos. No se puede admitir que un periodista débil o un medio débil acabe en un equipo por caridad y haga el trabajo que nadie más quiere hacer. 

El trabajo transfronterizo supone respeto y confianza mutuos. Es importante que los participantes compartan valores, que sean jugadores de equipo que saben respetar los sentimientos y opiniones de sus colegas. Una persona que considera aceptable expresar su opinión sobre cualquier cuestión, bromear sobre cualquier tema y sobre los demás participantes apenas podrá encajar en un equipo internacional. Una broma casual puede provocar una crisis aguda. El equipo transfronterizo es un sistema frágil que tiene su precio. 

El jefe del equipo es una persona muy importante a la hora de trabajar en proyectos del periodismo transfronterizo. No solo coordina el trabajo de las personas, sino también mantiene el clima común en el equipo. Cualquier asociación de más de dos personas ya requiere un jefe. Es él el que asume la toma de decisiones en todos los asuntos debatibles como la terminología y verificación de las fuentes. Un ejemplo real es cuando en un equipo surge la pregunta de si se puede confiar en las declaraciones oficiales del ministerio de defensa durante unas operaciones militares. ¿Quién toma la decisión? El jefe del proyecto, el jefe del equipo, aunque a veces también puede ser el redactor en jefe. Es el jefe del equipo el que soluciona todos los conflictos en el equipo e intenta hacer que no surjan en absoluto, pero las situaciones de la vida pueden ser diferentes. Un jefe-moderador-psicólogo así es imprescindible para un equipo transfronterizo.

Un mundo sin fronteras

Hoy en día el mundo es global. Todo concierne a todos, los problemas hace mucho que no están confinados a un solo país. La pandemia es un ejemplo estupendo de ello, igual que el cambio climático. Mientras que los problemas sean globales, mientras que interesen al público, la cooperación entre los medios de comunicación de diferentes países es inevitable. La cuestión solo consiste en cómo construirla.

Lo mismo concierne a las investigaciones internacionales. Los esquemas de corrupción hace mucho que son internacionales. La gente esconde dinero en diferentes rincones del mundo y, para desvelar los esquemas offshorees difícil trabajar sin equipo internacional. Es más, hay situaciones cuando solo los medios locales pueden solicitar información a las instituciones locales. Esto significa que hay que solicitar por lo menos la cooperación temporal de un medio local para que éste pueda ayudarte a conseguir cierto documento necesario. Creo que los periodistas se irán asociando entre sí y haciendo un contenido conjunto para mostrar que algunos problemas son globales de verdad.

Por ejemplo, los periodistas de Nicaragua, Moldova, Belarús y Ucrania juntos han publicado un proyecto transfronterizo para entender con qué problemas se enfrentan y cómo sobreviven los medios independientes en la era de los monopolios digitales como Facebook, Google, etc. y un autoritarismo que está cogiendo fuerza. Un adelanto: a pesar de los idiomas, regiones e incluso continentes diferentes, la situación en la que se han visto los medios es muy parecida.

Y es más, cuando te has asociado con alguien y formas parte de algún equipo grande, de una organización, te es más fácil presentar tus intereses ante los retos globales. Los solitarios tienen una voz menos potente que los medios y periodistas unidos en un consorcio o una asociación. Creo que a pesar de todas las dificultades inevitables del trabajo transfronterizo el mundo es global y esto significa que la cobertura de los problemas de ese mundo también tiene que ser global. 

Cuando uno ve tal cantidad de dificultades, no tiene que pensar: “Оh, dios mío, qué trabajo más difícil”. La cooperación con los colegas de otros países te enriquece tanto como periodista como ser humano. Hay que tratarlo como algo enriquecedor y no como una prueba, entonces el periodismo transfronterizo ¡es genial!

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